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Hace dos meses anuncié, llena de entusiasmo, que retomaría la escritura en formato newsletter. Asomaba la posibilidad de jugar a que era 2006 en lugar de 2025. Hace dos meses dije cosas que las registro en mi cuerpo como si las hubiese dicho hace seis porque hace dos meses era todo muy distinto. Solve et coagulaHoy mi suegro habría celebrado su cumpleaños número 80 si no hubiese muerto el 14 de enero a las 09:43 de la mañana. Hoy mi papá estaría leyendo este correo electrónico si no hubiese pasado nada de lo que pasó entre octubre de 2022 y mayo de 2023. Dentro de mí hay tres duelos abiertos, pero del tercero solo puedo decir que sé que está allí, aunque no sé bien a qué le lloro ni a qué le sonrío cuando me vienen recuerdos. Un poco antes de que mi papá dejara de ser mi papá, con quien hablaba casi a diario y con quien compartí tantas cosas, compré en el FNAC un libro titulado El hombre ante la muerte del historiador francés Philippe Ariès. Te dejaría enlace para comprarlo, pero me parece que está descontinuado. En ese momento yo estaba muy interesada en el final de la vida, en la muerte digna y en nutrir mi trabajo médico con humanidad, sensibilidad y una visión más global de la que ofrecen los electrolitos y las enzimas en una hoja de papel. Más humana, incluso, que la que ofrece el sonido percutor casi tribal del corazón humano cuando palpita y canta usando el estetoscopio en lugar de un micrófono. Es curioso que en ese momento, hace ya algunos años, me sintiera tan interesada por un tema lúgubre, sí, pero ineludible. También es curioso que ahora que ni Ariès, ni Delphine de Vigan, ni San Ignacio de Antioquía, ni nadie sea capaz de darme luces respecto a lo que voy sintiendo cada día, incluidos los días más felices que he vivido desde que todo esto pasó. Lo único que le ha dado algo de sentido y estructura es un verso de Duplessis-Mornay, del que extraje el asunto de este email: Para morir bienaventurado, a vivir hay que aprender.
Para vivir bienaventurado, a morir hay que aprender.
Los versos con pretensión de juego de palabras antes me hacían reír, pero dejaron de hacerme puta gracia cuando empecé a entenderlos. Supongo que sabrás a qué me refiero cuando te digo Uróboros, pero si no lo sabes es "el pez que se muerde la cola", aunque no es exactamente un pez sino una serpiente. Históricamente, desde los textos más eruditos e iniciáticos hasta películas en la cultura pop, el uróboros representa al infinito, a los ciclos eternos, a aquello que no tiene inicio ni fin. Si lo aterrizamos, es imposible iniciar una nueva etapa si no termina antes otra. El 1 de enero a las 00:00, sin ir demasiado lejos, tú y yo estábamos celebrando el inicio de un nuevo año, pero esta celebración sería imposible si no dejásemos que el año anterior termine. Cuando felicitas a tu amiga Maricarmen por "esta nueva etapa que va a comenzar" le estás dando espacio a que la serpiente se desvista porque sabes que la piel que llevaba antes no la puede arrastrar a cuestas a partir de ahora. El momento en el que empecé a entender estos acertijos de antónimos tan odiosos coincidió con el descubrimiento personal del principio alquímico Solve et Coagula. La traducción literal es algo así como "disolver y coagular" y la tradición alquímica usa muchas frases en latín o en inglés y castellano antiguos para explicar algo que es tan simple que me insulta: La biología, desde lo más pequeño hasta lo más macro, tiene ciclos de disolución y coagulación. Podemos reemplazar la palabra coagulación por dar forma, tomar forma, encarnar, hacerse físico. La idea es la misma: sin algo sólido, coagulado, no puede haber disolución, ni viceversa. La médula ósea no podría trabajar bien si el bazo y el hígado no hicieran su trabajo de filtrado y depuración, que son dos palabras con las que podemos reemplazar disolución. Pero esto va más allá de lo biológico y positivista que ponía tan feliz a Comte. Es algo que nos rodea. Volviendo a tu amiga Maricarmen: para poder iniciar esta nueva etapa por la que la felicitas, es necesario que previamente ella dimita en su trabajo anterior y disuelva su contrato con la empresa. Tu amiga Mariloli, que acaba de parir, no puede tener a su bebé en brazos si primero no disuelve el embarazo, si no le da fin. Si seguimos tirando del hilo, ese embarazo no puede tener lugar si un terreno disuelto (que suele ser el interior de un óvulo) no inicia su tarea de dar forma a una persona nueva una vez fecundado por el espermatozoide más listo. No se puede materializar una cosa si no elimina y depura la que estaba antes, así como tampoco puedes vivir en un eterno estado de disolución, sin concretar, dar forma. No se es bienaventurado solo disolviendo, ni se es bienaventurado solo coagulando, en términos de Duplessis-Mornay. El duelo es muchas cosas y una de ellas es el dolor profundo que trae la aceptación de que algo se ha disuelto. Sea la presencia física de mi suegro, la elocuencia de mi papá, o una expectativa que tomó forma en tu mente, al estar tan enraizados en la materialidad, en lo que conseguimos, en los logros medibles y visibles, es normal que la disolución nos genere miedo, tristeza, rabia, rencor hacia la vida y muchas otras cosas que seguramente no te tengo que explicar. Aquí todos hemos perdido algo. Pero, de nuevo, no hay disolución sin coagulación. Una cosa existe porque existe la otra. Así, mientras me dejo atravesar por el Solve, en el tras bambalinas de mi vida hay una gesta que está ya con vibes muy potentes de Coagula. Dentro de la tristeza y el espacio vacío que deja la disolución, también hay alegría y goce. Lo único que le pido a Dios o a la Vida, que son lo mismo, es que me permita seguir viéndolo y que no me castigue con cataratas fatalistas que solo me dejen ver al mundo desde lo que lloro y anhelo. Ya te contaré todo. De momento solo te pido tres cosas: que me dejes espacio para disolver, una oración por mi suegro y otra para mi papá. Mi suegro se llamaba Antonio y mi papá se llama Juan. Nos leemos pronto, —ana. |
Mi nombre es Ana y cada mes envío observaciones y anécdotas para alejarte del ruido y (re)conectarte con lo esencial. Directamente a tu buzón y siempre en español.